No es fácil precisar cuándo comienza Valiván. Es necesario retroceder a la infancia de Iván y Valeria.
Sin conocerse aún, cada uno, en sus respectivos hogares, ya jugaba con títeres.
Valeria y su hermana Alina, muñecos en mano, pasaba horas inventando cuentos encantados.
Su primer teatrillo lo hizo su padre y su primer y más entusiasta público fue su madre,
que miraba divertida las escenas desde que se descorrían las cortinillas.
La infancia de Valeria transcurrió entre excelentes lecturas que proporcionaban los padres,
en una época en la que la televisión no era omnipresente como hoy.
Iván, por su parte, disponía de un gran sótano, que arreglaba como sala de espectáculos
para recibir a los niños del barrio.
Tras cobrar una entrada simbólica consistente en
canicas o chucherías, las luces se apagaban y el espectáculo comenzaba.
Las carcajadas del abuelo, director de teatro aficionado, eran su mejor premio.